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Voy a hablar de las implicaciones psicológicas que ha
tenido la OI en mi vida. ¿Y por qué tratar este tema a estas alturas de la
película? Porque la OI no significa sólo fragilidad ósea, tiene (o puede
tener) muchas repercusiones psicológicas. Es posible que ahora mismo (o
dentro de unos años) haya personas que experimenten esta clase de problemas
(sobre todo, niños y adolescentes) y creo que los que hemos pasado por ese
camino tenemos muchas cosas positivas que aportar en este campo.
Aviso de antemano que no tengo formación en psicología y
que lo que voy a contar es fruto, exclusivamente, de mi experiencia. Sí
quiero, no obstante, ser lo más positivo posible, de modo que, junto a la
exposición de los problemas psicológicos que experimenté, trataré de hacer
un análisis de las causas y de las soluciones que me ayudaron a superarlo.
De esta forma, mi narración será más útil y provechosa, para los afectados y
también para los padres, que en este campo tienen mucho que decir.
Efectos
Hablaré aquí de los problemas que experimenté en el
periodo de, aproximadamente, los 10 a los 16 años. El primer efecto
psicológico fue el complejo de inferioridad. Probablemente, como
consecuencia de éste apareció una agorafobia o miedo a salir a la calle. Y,
más tarde, el síndrome de «como me gustaría...», que consiste en pasar el
tiempo lamentándote de tu situación, aspirando a lo que resulta imposible
(colóquese aquí lo que resulte más adecuado: como me gustaría... jugar al
fútbol, medir 1,90 m., parecerme a Brad Pitt, etc.)
Causas
Este análisis resulta más difícil, pero no imposible:
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La propia situación de fragilidad ósea. El mundo se
mueve y la gente hace cosas y tú, en cambio, tienes que parar cada cierto
tiempo porque te rompes. Esto acaba pasándote factura y es muy difícil que
una situación así no te afecte.
...
-
El entorno. En mi opinión es el factor más importante
y, por suerte, en el que podemos incidir con más facilidad. En mi caso, mi
entorno me afectó muy negativamente. Destacaría los siguientes puntos:
Yo nací y crecí en un entorno rural en el que la fuerza
física era un factor que se valoraba mucho (no sé si ahora se valora mucho
o poco en entornos rurales o urbanos). Y, de forma inversa, la fragilidad
no era un valor en alza, precisamente.
Influyeron los amigos. Siempre había algún gracioso
que, para animar las fiestas, amenizaba las charlas recordando aquella
caída tonta con la que te rompiste la pierna y que, por supuesto, a nadie
más le había pasado.
E influyó la familia, siempre tan pendiente y, en
muchas ocasiones, tan insensible. Contaré una anécdota que, seguramente,
más de uno habrá vivido también: estás en tu casa y llegan tus tíos con
sus hijos (tus primos). Los primos son esos monstruos que, de los 4 a los
10 años, no paran ni un momento y se pelean a todas horas. Los tíos,
siempre tan atentos, dicen a sus hijos: "No os acerquéis a los primos, no
vayáis a hacerles daño, que ellos no son como vosotros".
-
Y podría añadir como causa de esta situación
psicológica el aislamiento. Desde los 10 a los 19 años, permanecía la
mayor parte del tiempo en mi casa o en el hospital. Antes de que me
pudiese recuperar de una fractura, ya tenía otra. Y, lógicamente, mientras
me recuperaba de una fractura, no salía de casa. Uno de esos errores que
nunca se deben cometer, salvo que sea inevitable. En estos 10 años sólo
pude completar un curso académico de forma normal (en aulas). El resto del
tiempo, o tenía profesores en casa o, sencillamente, no hacía nada.
Soluciones
Esta es la auténtica madre del cordero. En mi caso,
superé todo esto con el paso del tiempo y en el momento en que
desaparecieron las fracturas y mi vida se normalizó. De todas formas, hay
herramientas específicas que pueden ayudarte, en un momento dado, a superar
conflictos concretos. Por ejemplo:
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Se supera el complejo de inferioridad cuando te das
cuenta de que la OI es sólo una alteración más del organismo, como hay
cientos. Una persona no es mejor o peor porque su estructura ósea sea más
o menos frágil, del mismo modo que puede ocurrir si una persona tiene una
alteración del páncreas que la obliga a tomar insulina. ¿Puede uno darse
cuenta de esto con 10 años? No lo sé. En mi caso, influyó mucho el año que
completé en el Instituto de Bachillerato (educación secundaria). Ese, que
era el primer año que completaba después de mucho tiempo, conseguí la
mejor nota de mi clase (creo que éramos cuarenta y tantos). Es difícil
mantener una actitud de complejos con este panorama.
...
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La agorafobia se supera saliendo de casa. En este
sentido, había una frase mágica que me repetían a menudo y a la que no
hacía caso: "La gente está dispuesta a verte como tú quieras que te vean".
Parece una tontería, pero es rigurosamente cierto. Si vas por la vida con
miedo, la gente lo notará. Y si vas por la vida haciendo caso omiso a tu
discapacidad, la gente no la verá. Contaré otra anécdota: Yo camino
utilizando bastones y llevo un aparato bitutor (aparato ortopédico de
protección). Hace un par de años fuí a comer a casa de una amiga. Ella
vivía en un tercero sin ascensor en la calle Sierpes de Sevilla. Al entrar
en el edificio y toparnos con la escalera, me mira y me comenta: "¿Te
puedes creer que hasta ahora no me había dado cuenta de que llevas
muletas?"
...
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Y el síndrome del «como me gustaría...» se arregla
cuando uno se da cuenta de lo estúpido que es perder el tiempo con
tonterías y decide vivir la vida con lo que tiene. Hay otra frase aquí que
resulta útil: "No es más feliz el que más tiene, sino el que es feliz con
lo que tiene". No obstante, esta frase hay que tomarla en su justa medida.
Todos los extremos son malos. Y esta postura no debe conducirnos al
conformismo. Tener OI es luchar permanentemente, no conformarse nunca con
la situación que tengas, porque siempre es posible mejorar; pero, al mismo
tiempo, debes ser consciente de cuáles son tus límites. Si mides 1,20 m.,
por más que te esfuerces, es muy difícil que, con 20 años, llegues al 1,90
m. La clave se encuentra en la aceptación. Cuando te aceptas como eres y
diriges tus esfuerzos a sacarle el máximo partido a tu situación, estás en
el buen camino.
Rafa
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