Lucía Vallejo (Madrid, España)
Hola a todos:
Aunque hace ya algunos días que comentasteis este tema, me gustaría
compartir con vosotros mi experiencia con respecto al deporte, porque en mi
vida, ha sido de una importancia vital descubrirlo y practicarlo.
De pequeña nunca hice nada, al contrario, todos( padres y familiares),
siempre tenían miedo de que me fracturara algo. Por aquella época, en los
pueblos pequeños no había piscina, ni gimnasio, ni nada que se le pareciese.
Incluso cuando tenía una fractura, tampoco existía la fase de
rehabilitación.
Sólo en la época de verano, cuando íbamos a la playa, podía tener la
sensación de hacer algo.
En aquella época (tengo 38 años), ningún médico nos dijo que el movimiento
era algo fundamental. De esta forma crecí sin rehabilitación ni deporte.
Sólo cuando me fracturé el fémur a los 11 años y después de estar, tres
meses al menos, escayolada y sin apoyar ninguna de las piernas, el
traumatólogo del momento tuvo la genial idea de que necesitaría algo de
ayuda. Como no había posibilidades de hacer rehabilitación le dijo a mi
padre que intentara colocar una bicicleta en algún soporte para hacerla
estática. Mi padre que es muy manitas confeccionó aquel artilugio y gracias
a él, pude hacer algo de movimiento.
Pero podéis imaginar lo mal que lo pasé, me dolían las dos piernas por
igual. Fue una barbaridad que no me dejaran apoyar en tres meses. El
cuadriceps de la pierna izquierda nunca lo pude recuperar del todo, quedó
bastante atrofiado, gracias a no hacer rehabilitación. . Hoy hubiera sido
diferente.
A los 18 aproximadamente, cuando cambié de domicilio, comencé a caminar
bastante. Vivía en esa preciosa ciudad, dónde también lo hace Rafa, Sevilla.
Era tan agradable pasear por ella, que nunca de los dos años que viví allí,
tomé un autobús ni taxi para desplazarme. Siempre lo hice caminando. Podía
llegar a andar una media de dos horas diarias. Y si a eso le añado que me
encantaba bailar.... Apenas me cansaba, claro que también era más joven!
A partir de los 20, me trasladé a Madrid. Aquí descubrí la natación. No la
he dejado de practicar nunca, salvo los periodos de convalecencia. También
descubrí la montaña, y que era mucho más efectivo caminar por un suelo
irregular que por el asfalto. En la ciudad, si caminas mucho, te acaba
doliendo la espalda. En el campo no, aunque tienes más riesgos por lo
irregular de la superficie. Un calzado estupendo, para evitar el dolor de la
espalda: deportivas con cámara de aire, van geniales. Y si camino por el
campo, siempre me apoyo en un callao.
La Pesca, en una época de mi vida ha sido otra alternativa estupenda,
combina muy bien todo lo anterior: caminar, y si me canso puedo parar e ir
más despacio.
También he practicado piragüismo, aunque me gusta más la canoa canadiense,
que no tiene tanto riesgo de vuelco y evita que la columna esté en tensión.
Lo único que se necesita ayuda de alguien para cargarla hasta un pantano o
río.
El problema de este deporte es que está limitado en invierno por el frío y
la parte inferior del cuerpo apenas trabaja.
A partir de una rotura de cruzado anterior, tuve que hacer bastante
ejercicio y como no era independiente para ir sola a la piscina, me
recomendaron el banco de remos, aparte de la rehabilitación en su momento.
Tener un banco de remos en casa está genial.
Es un deporte integral porque trabajan todos los músculos del cuerpo. Sería
más estimulante practicarlo en un lago y con un remo de verdad, pero el de
casa es más seguro.
La verdad, me cuesta bastante trabajo intentar estar en forma. Lo peor de
todo es que cuando mejor me he sentido físicamente, me ha ocurrido algún
traumatismo y en menos de un mes, he perdido toda la masa muscular que había
conseguido en meses de lucha. Esto desmoraliza bastante.
Y por último, lo mejor para descansar y dormir: la hamaca, no la tumbona,
sino la que es de tela y se cuelga de dos extremos. Yo he dormido en ella
durante meses.
En verano siempre lo hago, me sienta fenomenal. Cuando duermo en ella
desaparecen los dolores de la espalda, me levanto como nueva. Creo que va
tan bien porque todas las vértebras descansan en un punto de apoyo, cosa que
no ocurre cuando duermo en un colchón de muelles, sobre todo si es muy duro.
Pero lo de la hamaca tiene truco: ! hay que dormir en diagonal!, si no,
puedes levantarte "como un ocho".
Espero no haberme extendido demasiado.
Un abrazo para todos
LUCIA VALLEJO
MADRID. ESPAÑA